
La incidencia de la mutilación genital femenina descendió en los últimos años en el mundo, pero aún entre 120 y 140 millones de niñas y mujeres han sido sometidas a esta práctica dolorosa y peligrosa que es alimentada con prejuicios sociales y religiosos, según datos de Naciones Unidas.
Así lo señala un informe conjunto realizado por varias agencias de
Con ocasión del Día Internacional contra
También gracias al trabajo realizado por estas agencias con responsables políticos, religiosos y sanitarios. Pero aún se está lejos del objetivo de eliminarla totalmente, establecido por
La mutilación genital femenina se practica sobre todo a niñas y adolescentes de entre 0 y 15 años, aunque la edad varía en cada país dependiendo de tradiciones locales y otras circunstancias.
Según los datos más recientes de este informe, 91,5 millones de niñas y mujeres mayores de 9 años en África viven actualmente con las consecuencias de la mutilación genital. El resto de los casos, hasta 120 ó 140 millones, se encuentran en países como
Los países donde se ha documentado más prevalencia de esta práctica considerada por
También supera el 70 u 80 por ciento en Burkina Faso, Eritrea, Etiopía, Gambia, Mauritania y el norte de Sudán.
"La práctica persiste porque está sustentada en percepciones sociales, entre ellas la de que las chicas y sus familias sufrirán la vergüenza y la exclusión social, además de ver reducidas sus posibilidades de casarse si no se someten a la escisión", señala el informe.
El trabajo paciente y sensible desde el punto de vista cultural efectuado en el seno de las comunidades locales ha permitido reducir enormemente la práctica en algunos países que antes tenían una alta incidencia, como es Senegal, donde se ha documentado una reducción del 65 por ciento, según señaló la portavoz de Unicef, Veronique Taveau.
Entre los principales peligros y consecuencias para la salud que conlleva la mutilación genital figuran el dolor severo, hemorragias, dificultades para orinar e incluso para defecar, posibilidad de sufrir infecciones por el empleo de instrumentos contaminados e incluso la muerte.
Las niñas sometidas a esa práctica tienen más posibilidades de contagiarse del sida y sufren además consecuencias psicológicas, así como, a largo plazo, problemas en su calidad de vida sexual, complicaciones en el parto y peligro para el recién nacido, esto último sobre todo con el más severo de los tipos de mutilación. (Jackemate.com)



